lunes, abril 25, 2005

Buscando Tesoros

Y la verdad se materializó, o al menos así pareció suceder, mientras entre llantos y risas, susurros y gritos, lamentos y alabanzas se descubría imponente ante un puñado de hombres maravillados de su bondad e ignorantes de su significado.

Entre todos ellos destacó uno, que por su inquietud quiso ir más allá de donde los límites de la verdad misma lo permiten.

La cara de Miguel no distaba mucho de ser la del mismo chiquillo inquieto que increpó a sus padres, familiares y amigos durante el transcurso de su corta existencia, acerca de todas las causas y azares del mundo y quiénes le habitan.

Como era costumbre en él, una tarde cualquiera salió a dar una caminata por las vecindades de su casa – después de todo era muy peligroso alejarse demasiado – , recordaba a su madre cuando apenas rondaba los 5 años. De eso hacía ya cerca de 10 años.

- Verdad, Verdadero, Verdades..

Se escuchaba musitar a Miguel mientras avanzaba.

- Ni que fuera cosa de otro mundo, al fin y al cabo no son más que palabras de las que nadie da razón.

Con tono de voz femenina se le oía decir:

- no joven, por allá adelante le pueden indicar como encontrarla.

A lo que el mismo respondía en un tono grave y varonil:

- ¿la verdad ?. Yo no se mucho de eso pero si se fija, en la casa que se ve al final de la vereda hay una pareja que vive por aquí desde que tiene memoria, quizá ellos le puedan ayudar.

- ¡Queeeeee !, se decía a sí mismo en un tono vehemente y efusivo.

Nadie sabe nada de nada, o yo no se si se hacen a los locos, pero lo que es la verdad, por aquí ni se a asomado. Al menos eso parece.

De repente, Miguel escucho un sonido extraño que provenía de un pequeño bosque al final de la vereda y que lo asustó. Aguzando su vista para ver que era lo que sucedía, desubrió que el ruido eran los pasos de una mujer vieja, encorvada y mal vestida que al verle, con una voz chillona exclamó :

- Nunca te había visto ¿ Qué andas buscando por aquí ?

Miguel no sabía que responder. Llevaba tanto tiempo preguntando tantas cosas a tanta gente que había olvidado momentáneamente el objeto de su incansable búsqueda.

- ¡Ehhh!, ¡Esteeee!, ¡Buenas!. Titubeante atinó a responder.

Me llamo Miguel y vivo aquí cerca. Lo que pasa es que me dijeron que por estas sendero podía encontrar la verdad, pero estoy por creer que no existe.

A lo que la anciana respondió:

- ¿ La verdad ? Pues cesa tu búsqueda pequeño.

- Yo si decía que tanto negarla era porque no existía.

Replicó Miguel. Pero sin dar paso a que terminara su frase, la anciana le interrumpió con un fuerte grito:

- Yo soy la verdad

Mientras gritaba podía verse en su boca el resplandor del último de sus dientes y como, sin emitir ningún ruido, su piel se recogía exageradamente en toda su cara. En realidad la mujer parecía salida de un cuento de hadas, pero decía ser la VERDAD y su voz, clara y firme, daba testimonio del conocimiento de todo lo que había sucedido desde el principio del mundo.

Inmediatamente y como incontinentes ráfagas, brotaron borbotones de preguntas:

- ¿Es verdad que uno se muere?

- ¡Si!

- ¿Será que mi mamá y mi papá siempre me dicen la verdad?

- ¡No!

- Y, ¿Los jabones si desmanchan la ropa?

- ¡No!

- Y, El Presidente ¿dice la verdad?

- ¡No!

- Y mi novia ¿ella me engaña?

- Lo mismo que tú a ella

Y así transcurrieron un año y un día, pregunta tras pregunta, respuesta tras respuesta. Hasta que Miguel, saciando toda su curiosidad decidió despedirse.

- Bueno, creo que se me acabaron las preguntas y ya no se me ocurren más. Muchas gracias y hasta pronto.

Dijo Miguel

- Hasta pronto Miguel.

Respondió la anciana

- Ay se me olvidaba preguntarle algo.¿Será que a usted no se le ofrece algo para enviar, yo con mucho gusto puedo llevarlo a donde usted me diga.

- No Miguel, muchas gracias.

- Perdón, y si me preguntan que cómo es la verdad qué les digo

- Diles que soy joven y hermosa. Je, Je, Je...

Y, mientras sonreía podía verse en su boca el resplandor del último de sus dientes y como, sin emitir ningún ruido, su piel se recogía exageradamente en toda su cara.

Este texto es una adaptación del cuento “La verdad os hará libres” de Carlos G. Valles s.j., realizada para un programa radial infantil sobre valores.

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