jueves, diciembre 01, 2005

HISTORIA DE LA PRENSA EN COLOMBIA

En Colombia, el inició de la prensa como principal medio de comunicación está ligado estrechamente con la política; es decir, casi todos los primeros periódicos fueron fundados por políticos que veían en este medio la mejor y más segura manera de expresar sus opiniones políticas sobre lo que sucedía en el momento.

Las primeras publicaciones de esta naturaleza que aparecieron en Colombia fueron:
Gaceta de Santafé (1785), Papel periódico de la ciudad de Santafé (1791) y Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808), fundados por Manuel del Socorro Rodríguez; Diario político de Santafé de Bogotá, fundado por Francisco José de Caldas; El Siglo (1849), La Reforma (1851), La Opinión (1863-66), La Paz y El agricultor (1868-69) y La Unión (1861), fundados por Salvador Camacho Roldán; La Democracia, de Cartagena, fundado por Rafael Núñez, quien también escribió en periódicos como Neogranadino, El Tiempo y La Opinión.

En 1848 nace, por intermediación de Manuel Ancízar (1812-1882), la imprenta El Neogranadino. Este federalista ilustrado fue quien introdujo en el país máquinas modernas y un equipo de impresores, dibujantes, pintores y litógrafos, logrando gestar una gran revolución en el periodismo y la literatura de Colombia, pues con ayuda de estas personas y estas maquinarias se consiguió sacar, rápidamente, miles de ejemplares de una misma edición, lo que hacía que la difusión fuese más amplia y generalizada. Aprovechando estas nuevas tecnologías y saberes, Ancízar funda el periódico El Neogranadino, lo que permitió dar inicio a una nueva etapa en la prensa del país.

Vale decir que, en realidad, el primer periódico del país nació en Santafé de Bogotá en 1791, aunque hacía más de medio siglo que las imprentas funcionaban regularmente en el Virreinato. De ellas salían novenas, sermones, oraciones, noticias eclesiásticas, composiciones piadosas, reglamentos y ordenanzas. La imprenta llegó tarde al país y, en general, a todas las colonias, en parte debido a los hombres de la Santa Inquisición, quienes sabían muy bien del poder de la palabra, de tal suerte que desconfiaban de todo lo que se pudiera publicar. Pasado el auge del poder político de la Inquisición, los libros y publicaciones representaron para el gobierno español una gran amenaza, pues los criollos, gracias a ellos, lograban establecer contacto con pensadores europeos que hablaban de libertad e independencia.

Sin embargo, el intento de los españoles de constreñir e impedir tanto la llegada como la publicación de textos seculares fue vano, ya que muchas personas que luego serían próceres de la Independencia en América fueron desterradas a Europa, de donde regresaron con ideas mucho más consolidadas y con una visión más amplia del mundo (una prueba de ello fueron las tertulias y salones literarios que se multiplicaban por todos los rincones de las colonias, y en donde la influencia de las ideas de la Ilustración europea era evidente).

Durante el período de la Independencia, el periodismo, y por tanto la prensa, estaba al servicio de los ejércitos patriotas, pues por medio de los impresos se hablaba de sus necesidades, de sus triunfos, de las derrotas de la contraparte y de su continua movilización. Más adelante, cuando estas necesidades cambiaron debido a la terminación de las luchas, los personajes importantes buscaron a la prensa como un medio de expresión literaria e intelectual para hacer conocer sus obras y para poder organizar un nuevo Estado. Cada personaje publicaba en el periódico que fuese más próximo a su línea política, de tal forma que la libertad de prensa, sorpresivamente, fue respetada, tal vez más por accidente que por una auténtica voluntad de concordia y fraternidad.

A partir de 1810, se fundaron innumerables diarios y periódicos quincenales o semanales, entre ellos se destacó el fundado por Antonio Nariño, La Bagatela, desde donde le fue posible derrocar a la primera Junta de Gobierno y, así, hacerse con el poder. Por otro lado, el periódico federalista Argos, de Cartagena, fue quien se encargó de hacer frente a los embates de Nariño en contra de la Junta.

El poder de la prensa durante el siglo XIX se hizo evidente durante la guerra que, en 1854, libraron la alianza liberal-conservadora y el gobierno populista de José María Melo. Innumerables escritores, poetas y periodistas que también estaban en las filas del ejército, o al menos luchaban políticamente, escribieron sus protestas en contra del Gobierno en distintos medios impresos; a su vez, El Alacrán, fundado en 1849 por Germán Gutiérrez de Piñeres y Joaquín Pablo Posada, se dedicó a defender, junto con las sociedades de artesanos, al gobierno de Melo.

Entre 1820 y 1830, en la época en que Colombia estaba formada por las actuales repúblicas de Venezuela, Ecuador, Panamá y Colombia (la mal llamada "Gran Colombia"), proliferaron los periódicos de todo tipo (religiosos, federalistas, centralistas, santanderistas, bolivarianos, masones, etc.), pero, en general, los que más se destacaban eran los que se dedicaban a la sátira política, como fue el caso de |Los toros de Fucha (1821), creado por Nariño.

Una vez Venezuela y Ecuador se separaron de Colombia y se declararon como repúblicas independientes, las guerras civiles y regionales volvieron, así como, junto con ellas, la prensa dedicada a defender los intereses políticos de las distintas facciones en contienda; ejemplo de ello fueron El Granadino (1831), el cual Vicente Azuero fundó para defender la desmembración de Colombia, y El Cachaco, de Bogotá, (1833), periódico liberal redactado por Florentino González y José María Lleras, en el cual los más furiosos ataques eran dirigidos en contra de Bolívar, aun a pesar de que éste ya estaba muerto. Sin embargo, hubo algunas excepciones a este sectarismo fanático de la prensa, como fue el caso de La Estrella Nacional, el primer periódico literario de la historia colombiana, fundado por Juan Francisco Ortiz en 1836.

Una vez se consolidaron los partidos Conservador y Liberal, aparecieron periódicos como El Progreso, de Torres Caicedo, El Nacional, de Caro y Ospina, El Siglo, de Julio Arboleda, El Conservador, de José Joaquín Ortiz, La Gaceta Mercantil (Santa Marta, 1847-1848), de don Manuel Murillo Toro y El Neogranadino, de Manuel Ancízar.

Entre 1899 y 1902, aparecieron algunos periódicos que aun existen, como es el caso de El Espectador, fundado en Medellín en 1887 y trasladado a Bogotá en 1915.

Actualmente, los periódicos más importantes a nivel nacional son El Tiempo y El Colombiano. El Espectador lo fue hasta el año 2001, cuando, por motivos aparentemente económicos, tomó la decisión de publicar tan sólo un número semanal. Hasta el momento se mantiene así, y aunque su difusión es menor, sus textos siguen siendo relevantes para el acontecer diario del país.

En cuanto a otros periódicos, vale decir que cada región del país cuenta con publicaciones que la caracterizan, aunque, en su gran mayoría, éstas provienen de la más grande casa editorial (en lo que se refiere a la prensa) que existe en Colombia: la Casa editorial El Tiempo. El Tiempo es el periódico más leído en el país, así como el que más influencia tiene a nivel político. Es dirigido por la familia Santos, y aunque por ética periodística dice no tener inclinación política alguna, es evidente que siempre defiende o ataca a quien sus dirigentes crean conveniente.

Bibliografía
Ancízar, Manuel (1852), Peregrinación de Alpha, Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá, 1956.
Cacua Prada, Antonio, Historia del periodismo colombiano, Bogotá, 1968.
Otero Muñoz, Gustavo, Historia del periodismo en Colombia, Biblioteca Aldeana de Colombia, Bogotá, 1936.

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