miércoles, febrero 01, 2012

Cambio de hábito


Recuerdo que en mi época de universidad, una de las cosas más críticas cuando nos reuníamos en nuestro grupo de estudio, era mi insistencia con el tema de comer a la hora que correspondía. Si no, mi estado de ánimo cambiaba y no solo el cansancio se apoderaba de mí, también el mal genio.

Sin embargo, desde que me radiqué en Guadalajara, lo que más dificultad me ha costado es el cambio de mis hábitos alimenticios. Y no por la el tipo de alimentos o lo picoso de las comidas. La verdad siempre he sido proclive al consumo de picante. Lo realmente tormentoso ha sido adaptar mi estómago a los horarios poco familiares para la ingesta de las comidas.

Para empezar, la hora acostumbrada para tomar el desayuno en Colombia, está entre las 7:00 a.m. y las 9:00 a.m.; la del almuerzo entre las 12:00 m y las 2:00 p.m. y la comida entre las 7:00 p.m. y 8:00 p.m.

En cambio, en Guadalajara, el desayuno o almuerzo (confieso que aún me confunde el cómo manejan estas dos comidas), es entre las 9:00 a.m. y las 11:00 a.m. Entre las 12:00 m y las 2:00 p.m. es común ver que la gente come un tente en pie y solo entre las 3:00 p.m. y las 5:00 p.m. se come (o lo que en la #colombianes, como dice mi compañera Gaby Ruiz, es el almuerzo), horario por demás difícil para mi mente, mi estómago y todo mi cuerpo.

La cena, en cambio (y conste que en Colombia no acostumbraba comer platos fuertes a la hora de la cena – o mejor conocido como la comida –, al menos no en los últimos años), los tacos, los chicharroncitos, la arrachera, los lonches y demás platos fuertes, hacen parte de las costumbres culinarias de los tapatíos.

Ya llevo semanas de adaptación a estos horarios y, por ahora, más allá de una ligera pérdida de peso, mi cuerpo responde sin contraindicación alguna. Al menos eso creo.
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